miércoles, 1 de junio de 2016

CRISTIANISMO Y FILOSOFÍA


1- La aparición del cristianismo

Hace algo más de dos mil años, el Imperio romano dominaba el mundo o, al menos, Occidente. En el área actualmente en conflicto entre árabes y judíos, estaba asentado el pueblo de Israel, un pueblo muy apegado a sus viejas tradiciones religiosas, ahí en Belén, nacerá Jesús.  Su persona y su mensaje son radicalmente nuevos, el se dice Hijo de Dios, por donde pasa surge el escándalo.

Roma no puede tolerar en sus territorios un revolucionario que aglutina cada día más gente en torno a lo que parece una cuestión religiosa y judía y que puede poner en peligro su autoridad. Las autoridades romanas se unen con la vieja casta sacerdotal y entre ambas lo difaman diciendo que es un revolucionario peligroso que predica la rebelión contra el César. Le condenan a morir como esclavo, crucificado.

Tras su muerte, su figura se agiganta. Sus discípulos y allegados afirman haberlo visto resucitado. Su mensaje se extiende con fuerza y rebasa las barreras del pueblo judío. Surge entonces la figura de Pablo de Tarso, un converso a la nueva doctrina. Pablo es un hombre formado en la filosofía helenística y conocedor de los grandes pensadores griegos, educado junto al sabio Gamaliel. Él va a ser el verdadero teólogo de la nueva doctrina. El cristianismo conecta ahora con el pensamiento de los filósofos, pero los recelos de ambas partes permanecerán durante los primeros siglos. El cristianismo empieza a tener buena prensa en una sociedad insegura y sedienta de salvación, al tiempo que abandona los esquemas localistas y su mensaje se abre al mundo, se hace universalista.

2-Relaciones entre filosofía y cristianismo

El cristianismo es una religión que, partiendo de una doctrina revelada y recogida en unos libros sagrados, la Biblia, anuncia y proclama unas verdades sobre el mundo, el hombre, el bien y el mal, que son objeto de creencia y que son pautas de acción. La filosofía no parte de ningún tipo de verdad previa y aspira, con la sola fuerza de la razón, a alcanzar saberes sobre el hombre y su comportamiento en el mundo.  

Desde los primeros siglos del cristianismo, los pensadores cristianos, extendiendo y procurando hacer más comprensible el mensaje evangélico, recurrieron a la filosofía. De este modo, el pensamiento cristiano, que trataba cuestiones que ya habían preocupado a los filósofos, recibió una profunda influencia de una determinada filosofía, la de Platón. 

Etapas de la filosofía cristiana
La Filosofía  cristiana suele dividirse en dos grandes etapas:  
  • La filosofía patrística, el pensamiento de los filósofos cristianos desde el siglo I al V. Se trata del pensamiento propio de  los Padres de la Iglesia Cristiana que necesitan compaginar sus enseñanzas con la filosofía griega. La figura cumbre de este período es  Agustín de Hipona.
  • La Escolástica, (hace referencia a la filosofía que se enseñaba en las escuelas) cuya figura cumbre es Tomás de Aquino en el s. XIII.


El máximo exponente de la Patrística, Agustín de Hipona (354-430), utilizó el platonismo para fijar el dogma cristiano y combatir las herejías, contribuyendo inintencionadamente, a la difusión de la cultura griega en la Edad Media. 

3-Razón y fé en el pensamiento agustiniano

Fe y razón son instrumentos complementarios para encontrar la verdad que es única. No son excluyentes, pues  sólo existe una  verdad, la revelada por la religión.  Agustín propone que la fe se sitúe al comienzo y al final de la especulación racional. 

Creer para comprender: la fe ilumina el sentido de la verdad racional. Sin la creencia en los dogmas de la fe no podremos llegar a comprender la verdad. La sabiduría de los antiguos no sería más que ignorancia. 
   

Comprende para creer: la razón aclara los contenidos de la fe. La fe puede y debe apoyarse en el discurso racional ya que, correctamente utilizado, no puede estar en desacuerdo con la fe, afianzando el valor de ésta. 
  
El cristianismo no es una filosofía, pero alguno de los elementos de su propuesta de salvación ha sido objeto de la filosofía. No es extraño que los creyentes hayan usado la filosofía como fundamento de algunas de sus creencias.

Agustín trata de establecer las condiciones en las que puede darse el conocimiento de la verdad, entendida como sabiduría cristiana.

Los escépticos  niegan posibilidad de alcanzar certeza alguna. :¿Puedo razonablemente dudar de mi existencia, aun suponiendo que todos mis juicios estuvieran siempre equivocados? No, dice  Agustín, ya que aun en el caso de que me engañase no dejaría de existir (al menos el juicio " si mi equivoco existe" sería siempre verdadero, asegurando la certeza de mi existencia). 

4-El aristotelismo no averroísta. Santo Tomás de Aquino

La otra gran cumbre del pensamiento cristiano medieval es la filosofía de Tomas de Aquino (1225-1274), seguidor de Aristóteles, que logra de un modo admirable hacerlo compatible con la doctrina cristiana.  Acepta el predominio de lo teológico sobre cualquier otra cuestión filosófica, así como los elementos de la fe que deben ser considerados como imprescindibles en la reflexión filosófica cristiana: el creacionismo, la inmortalidad del alma, las verdades reveladas de la Biblia y los evangelios, y la concepción de una historia lineal y trascendente, en oposición a la concepción cíclica de la temporalidad típica del pensamiento clásico.  

En el siglo Xll, Averroes  plantea de modo diferente el problema de las relaciones entre la razón y la fe, al considerar que el dominio filosófico (razón) es completamente independiente al de la fe (teología). Defiende la concepción de que filosóficamente puede ser verdadero lo contrario de lo que teológicamente se acepta como verdad de fe. (TEORÍA DE LA DOBLE VERDAD).

Tomas de Aquino rechaza la doctrina de la doble verdad de Averroes, pero reconoce la independencia y particularidad de la razón y la fe. Razón y fe tienen objeto y métodos de conocimiento propios.  La filosofía se ocupará del conocimiento de las verdades naturales, que pueden ser alcanzadas por la luz natural de la razón; y la teología se ocupará del conocimiento de las verdades reveladas, de las verdades que sólo puede ser conocidas mediante la luz de la revelación divina.  

Ello supone una modificación sustancial de la concepción tradicional (agustiniana) de las relaciones entre la razón y la fe. La filosofía, deja, en cierto sentido, de ser la "sierva" de la teología, al reconocerle un objeto y un método propio de conocimiento.  

No hay incompatibilidad entre razón y fe, entre la esfera del conocimiento natural y la esfera de conocimiento sobrenatural. El conocimiento sobrenatural descansa directamente en Dios y el natural indirectamente ya que Dios nos ha dado la razón para comprender los primeros principios de la ciencia.

Las verdades que poseemos por revelación divina no pueden ser contrarias al conocimiento natural. Si se da un conflicto entre ambas, Santo Tomás considerará que tal conflicto no es real, pues el error estará en el mal uso de la razón.
    
La existencia de Dios  es evidente considerada en sí misma, pero no considerada respecto al hombre y su razón finita y limitada. Tanto es así que ni siquiera las diversas culturas o civilizaciones tienen la misma idea de Dios (judaísmo, islamismo, cristianismo, politeísmo...) e incluso, ni siquiera todos los hombres pertenecientes a la misma cultura poseen la misma idea de Dios. Si la existencia de Dios no es una verdad evidente para nosotros es necesario, pues, que sea demostrada de un modo evidente para la razón, de un modo racional, en el que no intervengan elementos de la Revelación o de la fe.


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