1- La aparición del cristianismo
Hace algo más de dos mil años, el Imperio romano dominaba
el mundo o, al menos, Occidente. En el área actualmente en conflicto entre
árabes y judíos, estaba asentado el pueblo de Israel, un pueblo muy apegado a
sus viejas tradiciones religiosas, ahí en Belén, nacerá Jesús. Su persona y su mensaje son radicalmente
nuevos, el se dice Hijo de Dios, por donde pasa surge el escándalo.
Roma no puede tolerar en sus territorios un
revolucionario que aglutina cada día más gente en torno a lo que parece una
cuestión religiosa y judía y que puede poner en peligro su autoridad. Las
autoridades romanas se unen con la vieja casta sacerdotal y entre ambas lo
difaman diciendo que es un revolucionario peligroso que predica la rebelión
contra el César. Le condenan a morir como esclavo, crucificado.
Tras su muerte, su figura se agiganta. Sus discípulos y
allegados afirman haberlo visto resucitado. Su mensaje se extiende con fuerza y
rebasa las barreras del pueblo judío. Surge entonces la figura de Pablo de
Tarso, un converso a la nueva doctrina. Pablo es un hombre formado en la
filosofía helenística y conocedor de los grandes pensadores griegos, educado
junto al sabio Gamaliel. Él va a ser el verdadero teólogo de la nueva doctrina.
El cristianismo conecta ahora con el pensamiento de los filósofos, pero los
recelos de ambas partes permanecerán durante los primeros siglos. El
cristianismo empieza a tener buena prensa en una sociedad insegura y sedienta
de salvación, al tiempo que abandona los esquemas localistas y su mensaje se
abre al mundo, se hace universalista.
2-Relaciones entre filosofía y cristianismo
El cristianismo es una religión que, partiendo de una
doctrina revelada y recogida en unos libros sagrados, la Biblia, anuncia y
proclama unas verdades sobre el mundo, el hombre, el bien y el mal, que
son objeto de creencia y que son pautas de acción. La filosofía no
parte de ningún tipo de verdad previa y aspira, con la sola fuerza de la
razón, a alcanzar saberes sobre el hombre y su comportamiento en el
mundo.
Desde los primeros siglos del cristianismo, los
pensadores cristianos, extendiendo y procurando hacer más comprensible el
mensaje evangélico, recurrieron a la filosofía. De este modo, el pensamiento
cristiano, que trataba cuestiones que ya habían preocupado a los filósofos,
recibió una profunda influencia de una determinada filosofía, la de
Platón.
Etapas de la filosofía cristiana
La Filosofía cristiana suele dividirse en dos
grandes etapas:
- La filosofía patrística, el pensamiento de los filósofos cristianos desde el siglo I al V. Se trata del pensamiento propio de los Padres de la Iglesia Cristiana que necesitan compaginar sus enseñanzas con la filosofía griega. La figura cumbre de este período es Agustín de Hipona.
- La Escolástica, (hace referencia a la filosofía que se enseñaba en las escuelas) cuya figura cumbre es Tomás de Aquino en el s. XIII.
El máximo exponente de la Patrística, Agustín de Hipona (354-430), utilizó el platonismo para fijar el dogma cristiano y combatir las herejías, contribuyendo inintencionadamente, a la difusión de la cultura griega en la Edad Media.
3-Razón y fé en el pensamiento agustiniano
Fe y razón son instrumentos complementarios para
encontrar la verdad que es única. No son excluyentes, pues sólo existe
una verdad, la revelada por la religión. Agustín propone que la fe
se sitúe al comienzo y al final de la especulación racional.
Creer para comprender: la fe ilumina el sentido de la
verdad racional. Sin la creencia en los dogmas de la fe no podremos llegar a
comprender la verdad. La sabiduría de los antiguos no sería más que
ignorancia.
Comprende para creer: la razón aclara los contenidos de
la fe. La fe puede y debe apoyarse en el discurso racional ya que,
correctamente utilizado, no puede estar en desacuerdo con la fe, afianzando el
valor de ésta.
El cristianismo no es una filosofía, pero alguno de los
elementos de su propuesta de salvación ha sido objeto de la filosofía. No es
extraño que los creyentes hayan usado la filosofía como fundamento de algunas
de sus creencias.
Agustín trata de establecer las condiciones en las que
puede darse el conocimiento de la verdad, entendida como sabiduría cristiana.
Los escépticos niegan posibilidad de alcanzar
certeza alguna. :¿Puedo razonablemente dudar de mi existencia, aun
suponiendo que todos mis juicios estuvieran siempre equivocados? No, dice
Agustín, ya que aun en el caso de que me engañase no dejaría de existir (al
menos el juicio " si mi equivoco existe" sería siempre verdadero,
asegurando la certeza de mi existencia).
4-El aristotelismo no averroísta. Santo Tomás de Aquino
La otra gran cumbre del pensamiento cristiano medieval es
la filosofía de Tomas de Aquino (1225-1274), seguidor de Aristóteles, que logra
de un modo admirable hacerlo compatible con la doctrina cristiana. Acepta
el predominio de lo teológico sobre cualquier otra cuestión filosófica, así
como los elementos de la fe que deben ser considerados como imprescindibles en
la reflexión filosófica cristiana: el creacionismo, la inmortalidad del
alma, las verdades reveladas de la Biblia y los evangelios, y la concepción de
una historia lineal y trascendente, en oposición a la concepción cíclica de la
temporalidad típica del pensamiento clásico.
En el siglo Xll, Averroes plantea de modo diferente
el problema de las relaciones entre la razón y la fe, al considerar que el
dominio filosófico (razón) es completamente independiente al de la fe
(teología). Defiende la concepción de que filosóficamente puede ser verdadero
lo contrario de lo que teológicamente se acepta como verdad de fe. (TEORÍA
DE LA DOBLE VERDAD).
Tomas de Aquino rechaza la doctrina de la doble verdad de
Averroes, pero reconoce la independencia y particularidad de la razón y la fe.
Razón y fe tienen objeto y métodos de conocimiento propios. La filosofía
se ocupará del conocimiento de las verdades naturales, que pueden ser
alcanzadas por la luz natural de la razón; y la teología se ocupará del
conocimiento de las verdades reveladas, de las verdades que sólo puede ser
conocidas mediante la luz de la revelación divina.
Ello supone una modificación sustancial de la concepción
tradicional (agustiniana) de las relaciones entre la razón y la fe. La
filosofía, deja, en cierto sentido, de ser la "sierva" de la
teología, al reconocerle un objeto y un método propio de
conocimiento.
No hay incompatibilidad entre razón y fe, entre la
esfera del conocimiento natural y la esfera de conocimiento sobrenatural. El
conocimiento sobrenatural descansa directamente en Dios y el natural
indirectamente ya que Dios nos ha dado la razón para comprender los primeros
principios de la ciencia.
Las verdades que poseemos por revelación divina no pueden
ser contrarias al conocimiento natural. Si se da un conflicto entre ambas, Santo
Tomás considerará que tal conflicto no es real, pues el error estará en el mal
uso de la razón.
La existencia de Dios es evidente considerada
en sí misma, pero no considerada respecto al hombre y su razón finita y
limitada. Tanto es así que ni siquiera las diversas culturas o civilizaciones
tienen la misma idea de Dios (judaísmo, islamismo, cristianismo, politeísmo...)
e incluso, ni siquiera todos los hombres pertenecientes a la misma cultura
poseen la misma idea de Dios. Si la existencia de Dios no es una verdad
evidente para nosotros es necesario, pues, que sea demostrada de un modo
evidente para la razón, de un modo racional, en el que no intervengan elementos
de la Revelación o de la fe.


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